Historia de las hermandades de Sevilla: La Soledad de San Lorenzo

 

Pontificia y Real Hermandad Sacramental, Nuestra Señora de Roca Amador, Ánimas Benditas, Beato Marcelo Spinola y Primitiva Cofradía de Nazarenos de María Santísima en su Soledad






Cinco hermandades


En la actual corporación que conocemos titulándose como de la hermandad de la Soledad de San Lorenzo pervive la historia de hasta cinco antiguas cofradías: la primitiva hermandad de Nazarenos de Nuestra Señora de la Soledad, la Sacramental de San Lorenzo que había sido fundada por Teresa Enríquez al principio del siglo XVI, la corporación Sacramental de lo que fue parroquia de San Juan de Acre, la hermandad de las Ánimas Benditas de San Lorenzo y la hermandad gloriosa del Rosario de Nuestra Señora de Rocamador que había visto la luz en 1691.



Virgen de Rocamador (Anónimo Siglo XIV). Iglesia de San Lorenzo.




Nos encontramos ante una de las cofradías sevillanas que más ahonda en la historia de nuestras corporaciones ya que existen datos documentales sobre su existencia en 1549 y que sus primeras reglas fueron refrendadas en 1557 por lo que siempre ocupó puesto de privilegio en los actos a los que asistían todas las corporaciones desde antiguo como la procesión del Corpus, la Bula de la Sagrada Cruzada o las procesiones del Cristo de San Agustín. Incluso desde pronto hay noticias de la relación de la hermandad con la realeza de España pues en mayo de 1570 “el rey Felipe II pidió expresamente orar ante la imagen de la Soledad, a la cual tenía gran devoción, ya que su tercera mujer, la reina Isabel de Valois, había extendido entre la corte esta devoción. Desde entonces, y hasta el reinado de Isabel II, la Hermandad usó como escudo corporativo el del monasterio reinante”.



  

Copia de las Primeras Reglas de Hermandad de la Soledad. 1557. 





Documento de agregación de la Capilla de la Soledad en el Convento del Carmen a la Basílica de San Juan de Letrán (1594).

La Hermandad de la Soledad conserva en su Archivo tres documentos pontificios que se relacionan con su capilla en el convento  casa grande del Carmen Calzado, en la calle Baños, donde tuvo su sede. El más importante es el de la imagen, fechado en 1594, por el cual la nueva capilla de la Soledad era agregada a la basílica romana de San Juan de Letrán. El documento incluye la primera imagen iconográfica conocida de la Soledad.





La cofradía se sitúa en sus inicios, mediados del siglo XVI, en el monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos desde donde hacía estación al templete de la Cruz del Campo. De ahí vivió en breves periodos de tiempo en el convento de Santiago de la Espada en 1561, en el Hospital del Amor de Dios, siete años después, hasta que se llega en 1575 al Convento Casa Grande del Carmen Calzado de Sevilla como cuenta los testimonios que dejó escrito Miguel de Espinosa y Maldonado quien manifestó que tras la cofradía de las Angustias y la de Nuestra Señora de la Cabeza “la tercera Cofradía es la de la Soledad de Nuestra Señora, imagen devotísima, cuya devoción publican muy bien los Nobles y  serenosos sevillanos. Está colocada esta Soberana Imagen en una Real Capilla. En tiempos antiguos estuvo en el Convento de Santiago de los Cavalleros. Visitó esta Soberana Imagen el Señor y Prudente Rey Don Phelipe segundo, y fue uno de sus primeros devotos, y así mandava que en todas las ocasiones que las armadas y exercitos pudieran tener conflictos se hiciesen especiales rogativas a esta Señora. Ha más de ochenta años que labró la Capilla que oy tiene”.



En el Ayuntamiento de Sevilla se acogió en 2018 la exposición "Soledad. 150 años de San Miguel a San Lorenzo". En ella se pudo contemplar una maqueta que reproducía la capilla que poseyó la hermandad en la Casa Grande del Carmen y que contaba con una puerta independiente en la actual calle Goles. La maqueta reproduce la capilla tanto por fuera como por dentro, con el altar de la Soledad. 






La cofradía del XVI


La hermandad realizaba la estación de penitencia en la noche del Jueves Santo pasando después a realizarla en la madrugada del Viernes Santo y, desde 1567, en la tarde de dicho día. El cortejo procesional constaba de “unas parihuelas con una cruz desnuda sobre su calvario, unas andas con un Cristo Yacente en su sepulcro y por último el paso de la Virgen de la Soledad sin palio ni cubierta alguna”. Era costumbre que al regreso de la estación de penitencia se dejase el segundo paso, el del Entierro de Cristo, en el cercano convento del Dulce Nombre de Jesús para el domingo de Pascua efectuar una representación con otras dos imágenes hoy desaparecidas: un Cristo Resucitado y una Virgen de gloria. Es por este motivo por lo que hay muchos testimonios de hermandades con la misma advocación de “Soledad” que también daban culto a la imagen de Jesús Yacente. La hermandad hubo de dejar este pasaje de Jesús muerto por la fundación en la ciudad de la cofradía del Santo Entierro y por la prohibición en 1604 del cardenal Niño de Guevara a que se efectuara la representación de la Resurrección que acabamos de contar. Es por este motivo que desde ese momento sólo salieran los pasos de la Cruz y de la Virgen, para la que incluso estrenaba en 1606 un paso de palio, idea propugnada por Antonio de Cabreros, siendo la primera dolorosa de la ciudad en llevar esta pieza en su paso procesional para asombro del Abad Gordillo que en sus “Religiosas Estaciones” consideró “impropio del trance tan doloroso que representa el misterio de la Soledad de María.




La Virgen de la Soledad, que actualmente procesiona sin palio, fue la primera dolorosa en contar con uno en sus estaciones de penitencia. El diseño se debió a Gaspar de la Rúa, mientras que el bordador Francisco Ramírez se encargó de su confección. Para ilustrar aquel palio, con el que la Soledad salió hasta 1691, vemos un lienzo pintado al óleo por autor anónimo que representa muy probablemente a la Soledad en ese primitivo paso de palio. La pintura es del siglo XVII y actualmente propiedad de la Hermandad del Silencio.





Palio de traslados de proporciones parecidas al primitivo que lució la Virgen de la Soledad de San Lorenzo. Anónimo, 1753. Terciopelo negro bordado en oro y letras de plata de ley. Alcalá del Río. Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores en su Soledad Coronada. 




Fue el historiador de las cofradías José Bermejo, que ocupó en la hermandad varios cargos en su junta de gobierno quien de descubrió, de cuentas  fechadas en 1610 y 1614, el pago de “un palio de terciopelo negro bordado  en oro para la ymagen de  nuestra señora, esta cofradía que es y fue el que servio el biernes santo de este año”. Por documento de la hermandad se conoce  que el palio estaba bordado en oro, plata y seda de colores sobre terciopelo negro y que se empleó ruan para el forro de las cenefas, cincuenta y una onzas de oro para el forro del palio, resultando curioso señalar también entre los materiales “una tercia de tela de plata rrissallana de Toledo para los escudos”. Las labores de realización de esta pieza fueron de Francisco, Ana y Bernardo Ramírez aunque se desconoce si tenían parentesco entre si, siguiendo el diseño de Gaspar de la Rúa y se conoce que tenía diez varas o varales, de madera que en 1620, se sustituyeron por otras de plata aunque fueron reducidas a ocho, según se desprende del famoso dibujo que legó Lucas Valdés en la segunda mitad del XVII. El paso se completaba con una peana, cuatro faroles y cuatro cantoneras vistiendo la Virgen de blanco con manto negro. El primero de los pasos, el de la Cruz, fue ampliamente reformada en 1631 siguiendo los dibujos de Alonso Cano siendo “la única obra que se conozca del genial y polifacético artista granadino para una cofradía sevillana”. Ese paso desapareció con la invasión francesa.



Grabado de Lucas Valdés de la Virgen de la Soledad de San Lorenzo, de 1660.




La hermandad continuó su vigencia durante el siglo XVII como denota la profusión de lujo de la capilla donde residía la hermandad siendo de las más ricas de Sevilla y en la que destacaba por ejemplo una campana de 137 libras de peso, frescos de Manuel Díaz o el altar mayor que en 1682 se encargó a Bernardo Simón de Pineda a quien ayudó Pedro Roldán. Además, hablan las crónicas sobre la profusión de plata en el frontal del altar, las lámparas, candeleros y objetos litúrgicos además de los adornos para los pasos.


Situados en el siglo XVIII, en 1707 se redactaron nuevas reglas en las que se especificaba que la estación de penitencia continuaría siendo el Viernes Santo dándose la circunstancia de que permanecía siendo la última hermandad en procesionar lo que le suponía el “privilegio secular que le exoneraba de acudir al anual Cabildo de Toma de Hora en el cual el resto de las Hermandades, junto cola autoridad municipal, establecían los horarios, itinerarios y orden de salida de las restantes cofradías sevillanas”.



Tercera Regla de la Hermandad de la Soledad. 1707.




A lo largo de su ya dilatada historia, la hermandad de la Soledad se ha regido por ocho reglas distintas: 1557, las fundacionales; 1617, las primeras que exigían la nobleza para poder ingresar en la corporación; 1707, recientemente descubiertas; 1862, redactadas por José Bermejo, aprobadas por Isabel II y que eximieron ya de la nobleza para el ingreso en la corporación; 1946; 1961; 1977, las de la fusión con la Sacramental, y las de 1988, actualmente en vigor.





San Miguel


La invasión francesa de Sevilla es 1810 motivó que el convento fuera convertido en cuartel y la capilla de la Soledad en establo, comenzando la hermandad unos años difíciles. Así empezó para la imagen de la Virgen en continuo tránsito entre oratorio de particulares, como el de la marquesa de Vallehermoso, en la calle Santa Clara,  y el del marqués de Rianzuela, en la calle Armas, hasta que por fin pudo ser ubicada en la parroquia de San Miguel.



Cabecera de la parroquia de San Miguel. Detalle de la procesión del Santo. Entierro Grande de 1854. Anónima, c. 1854.





Óleo Derribo de la parroquia de san Miguel (1868) del pintor Francisco Peralta que representa la iglesia de san Miguel en el acto de inicio del derribo en 1868.

Esta parroquia fue fundada en el siglo XIII y reconstruida durante el reinado de Pedro I de Castilla, tras el terremoto en 1356, por iniciativa del arzobispo de la ciudad, Nuño de Fuentes. Fue gravemente afectada por el terremoto de Lisboa de 1755 y las obras de reparación se prolongaron entre 1755 y 1757.  La junta revolucionaria de 1868 suprimió esta iglesia el día 6 de octubre y la demolición se inició el 8 de noviembre.  Parte de su patrimonio se encuentra disperso por distintos templos de la ciudad, y en especial en la Iglesia de San Antonio Abad y en la de la Magdalena, donde se guarda su importante archivo.





La consecuencia de estos años convulsos fue la pérdida de todas las alhajas y los más de mil kilos de plata que custodiaba la hermandad en enseres. La cofradía comenzaría a salir de este bache hacía 1860 por la labor de varias por la labor de varias personas entre las que se encontraba el historiador José Bermejo.


Ocho años después, tras el cierre y el derribo de San Miguel, la cofradía llegó hasta San Lorenzo interviniendo activamente en este traslado Eugenio Fernández de Zendrera, presbítero en la parroquia. Cuenta las crónicas que la hermandad “llegó casi con o puesto: la imagen de la Virgen, una corona de plata varias veces embargada, las lozas de Génova y dos rejas de hierro que se colocaron en la antigua capilla de la Pastora”.



El traslado urgente desde la parroquia de San Miguel a San Lorenzo. La Hermandad efectuó entonces a sus expensas una gran reforma integral del espacio capitular con la colocación de una de las dos rejas que poseía de la capilla propia de San Miguel y que tiene la leyenda «CAPILLA PROPIA DE LA PONTIFICIA, REAL Y PRIMITIVA HER/dad. Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE Ntra. Sra. DE LA SOLEDAD».





Ya instalados en el siglo XX, hay que indicar que esta fue la primera hermandad en incluir entre las insignias de su cortejo procesional la bandera asuncionista en 1911 y la primera en realizar un besamanos en 1929.

La incorporación al Sábado Santo fue en 1965, con motivo de las misiones, al barrio de San Jerónimo para presidir un centro misional, concretamente en las escuelas nacionales de la calle Boquerón visitando el cementerio de San Fernando hecho éste de la visita al camposanto que se repitió en el  2003.



La vinculación entre la Corporación del Sábado Santo y el camposanto de la capital hispalense comenzó en 1965, durante las Misiones, donde la Dolorosa lo visitó y se rezó un Rosario por los fieles difuntos, ejecutándose este primer azulejo del año 1976. Ya en 2003 volvió al cementerio en Rosario de la Aurora con motivo del CL Aniversario de la necrópolis.




Es lógico que a lo largo de la historia de la corporación haya habido nombres importantes que con su esfuerzo hicieron y hacen grande a esta hermandad. En este capítulo queremos pararnos ahora en la labor del poeta y escritor Joaquín Romero Murube quien recibió la primera medalla de oro de la hermandad en 1961. El escritor ingresó en la hermandad en 1917, con doce años y ella cedió los derechos de autor de varias de sus obras. De la Virgen de la Soledad quedan innumerables textos suyos como por ejemplo el que plasmó en su obra “Dios en la ciudad” donde escribió que “la de dolor, del dolor de la soledad, del dolor más real y aparente de todos los dolores… Va casi sola. Silencio, fin, agotamiento. Los hermanos de la Soledad lloramos esta soledad en que camina nuestra Virgen. Las sillas se apilan uniformes contra las aceras. No nos miran. Por entre la sombra y el silencio de las calles vamos con Nuestra Virgen de la Soledad, en soledad. ¡Bendita sea!”.






Nuestra Señora de la Soledad


La imagen de Nuestra Señora de Soledad es de candelero para vestir, si bien en origen parece que fue escultura de talla. Tiene los ojos de cristal que le fueron añadidos seguramente en una restauración efectuada en el siglo XVIII y “presenta las características propias del periodo de transición entre el tardomanierismo y el primer realismo barroco. A pesar de las numerosas restauraciones sufridas, la imagen conserva significados rasgos arcaicos que nos permiten mantener su atribución temporal en la segunda mitad del siglo XVI: pupilas levemente achinadas, boca cerrada, cierto hieratismo, frontalismo y cuello recto”.







Sobre su autoría no hay unanimidad entre los estudiosos. Los principales análisis la sitúan como obra anónima del siglo XVI, teoría de Cañizares Japón y Pastor Torres, mientras que otros la datan en torno a 1600 como apuntan Bernales Ballestero, González Gómez y Roda Peña. Hay incluso autores, como Morales Martínez, que fechan la escultura más tarde hasta mediados de siglo XVII.





Ntra. Sra. De la Soledad en el antiguo paso procesional con la Cruz, sudario y escalera.






No estamos acostumbrados a contemplar a la Virgen de la Soledad portando una corona, pues lo habitual es verla con alguna de las diademas que forman parte de su ajuar. Sin embargo, y por una sola vez (que tengamos conocimiento), la Stma. Virgen fue ataviada con corona.






Fotografía de Ntra. Sra. De la Soledad en el antiguo paso procesional con dosel.

En la Semana Santa de 1875, Ntra. Sra. de la Soledad estrena paso para su dolorosa. Un canasto barroco, con perfiles, bombo en el canasto y líneas rectas. Costó 21000 reales y procesionó hasta 1951. 

El paso sufrió varias transformaciones. Hasta 1884, figuró un dosel en el mismo; en 1902 se sustituyó por una cruz (imagen inferior). Posteriormente, se volvió al dosel y definitivamente se cambió en 1927.

Actualmente el canasto es propiedad de la Vera-Cruz de Aznalcázar, procesionando sobre él la Virgen de la Encarnación (imagen inferior).









Hermandad de la Vera-Cruz de Aznalcázar.




La Señora procesiona en un paso diseñado por Santiago Martínez Martín y en el que aparece al pie del Santo Madero del que penden sudario y escalera que sirvieran para descender el cuerpo del Señor. La construcción data de 1949 realizada en los talleres de Francisco Ruiz Rodríguez, “Maestro Curro” interviniendo además en su ejecución los tallistas Rivette y Francisco Carrero, el escultor Manuel Vergara que hizo los ángeles mancebos y demás figuras y el dorado Manuel Calvo, mientras que la carpintería fue de Francisco Bailac. 

En la delantera del paso podemos ver una capilla en la que se puede contemplar una pequeña imagen de la Virgen de la Asunción tallada y policromada en el siglo XVIII “queriendo simbolizar la mayor gloria de la  Reina de los Ángeles, de subir a los Cielos, una vez terminada su vida terrenal”.






El estreno fue en la Semana Santa de 1951. Los documentos de la hermandad nos explican que “es ante todo un paso “sevillano” de estilo barroco más o menos puro y consta de respiraderos, mesa y canasto todo tallado y dorado, llevando estofado en blanco el tema de las azucenas , símbolo de la pureza de la Virgen y los tulipanes, blancos y oro, junto a los laudes que corren en rojo frisos a través de todos sus tercios, ese poema de belleza, artísticamente armonizado que es el “paso” de la Soledad”. Decora todo el paso en el friso, una inscripción latina alusiva a la Virgen, tomada de  versículos y estrofas de las Sagradas Escrituras cuya traducción sería “¿A quién te compararé o con quién te asemejaré hija de Jerusalén? ¿A quién te igualaré yo para consolarte, Virgen, hija de Sión? Inmenso como el mar es tu quebranto ¿A dónde se fue tu amado? ¡Oh la más hermosa de las mujeres! ¿A dónde se marchó tu Querido, y le buscamos contigo? Sin embargo, la Virgen, más intrépida que los mismos mártires, se mantiene de pie por un nuevo milagro, no muere, oh Madre, entre tantas causas de muerte, y crucificada por tan atroces dolores. Reina de los Mártires, ruega por nosotros. Tú permaneciste junto a la Cruz de Jesús”.
















Debido a la antigüedad de la Imagen es lógico suponer que ha sufrido numerosas intervenciones, siendo la de mayor envergadura la sufrida en el momento en que se mutiló la Efigie original para la colocación de un candelero y brazos articulados, para poder ser vestida más cómodamente. No es posible datar este hecho, pues pudo suceder bien en torno a 1568 o bien posteriormente.










 





La Virgen de la Soledad frente a la Basílica de la Macarena, en su camino hacia el Cementerio de San Fernando durante las Misiones Generales de 1965.





Vía Crucis de Sevilla

La participación de María Santísima en su Soledad en el Vía Crucis de las Hermandades de Sevilla fue el 22 de febrero de 1988 y el acto tuvo lugar en la Sagrada Iglesia Catedral.







Hábitos de finales del XVI


El hábito actual de los nazarenos se compone de túnica de sarga o lienzo blanco de cola, ceñida por cíngulo de algodón negro y escapulario, manguitos y antifaz también negro, atuendo muy similar al que ya usaban los hermanos de esta cofradía a finales del siglo XVI.







El detalle





Antiguo paso procesional. Anónimo, 1875. Madera tallada, dorada y estofada. Actualmente procesiona en Aznalcázar. Hermandad de la Vera-Cruz.





Diadema neoclásica de plata.
Anónimo, 1893. Plata sobredorada, 40 x 57 cm.
Esta pieza donada por Natalia López de Rojas fue ejecutada en plata dorada, y según consta en uno de los punzones se estrenó en el año 1893. Las otras marcas que aparecen son F. Lastorres, NO8DO y V. Franco, que hace compleja su atribución aunque podría ser a Valentín Franco, activo por entonces en la Ciudad y en la hermandad de los plateros de San Eloy. Fue restaurada en 1999 por Joaquín Ossorio Martínez. 









Cruz de Guía. 
Fue realizada por Manuel Seco Velasco, con trabajo en madera de caoba del ebanista Manuel Caballero Farfán, y su diseño está basado en la antigua insignia que procesionó desde 1888 a 1972, obra de Juan Baena. La labor de orfebrería en plata de ley se aprecia en el interior del cuerpo de la Cruz con un calabrote, escenas de la pasión, además del INRI, remates y abrazaderas. Fue bendecida por el Cardenal Bueno Monreal en la Función Principal de Instituto celebrada el 11 de marzo de 1973 y salió por primera vez ese Sábado Santo 21 de abril. Las dimensiones de la Cruz son de 266 centímetros de alta y 146 de ancha. Fue donada completamente por el hermano mayor José de Rueda Carrión. El INRI fue modificado en el taller de Seco en 1986, ya que se sustituyó por otro en forma de pergamino calado y enrollado en sus extremos. Por último, debido a las deformaciones sufridas en la madera, se renovó ésta en 1999 con nueva caoba de Brasil, en el taller de Carpintería Rivera, restauración costeada por el hermano mayor José de Rueda Macías, hijo del donante de la Cruz.








Saya de salida.
Anónimo, 1885. Terciopelo negro bordado en hilo de oro a realce.
Esta pieza de bordado fue estrenada el Viernes Santo de 1885 y sigue un diseño asimétrico a juego con el manto terminado una década antes. No está documentada su autoría pero bien podría estar al igual que el manto en la órbita Josefa Antúnez o quizás de Teresa del Castillo. Los bordados fueron pasados a nuevo soporte de terciopelo negro en 1985 por Rosario Bernardino Díaz.









Saya de cultos solemnes.
Sobrinos de José Caro, 1970. Terciopelo negro bordado en hilo de oro a realce.
Esta pieza de bordado fue promovida por Antonio Petit García, es de estilo neobarroco y guarda simetría respecto a un eje central, con dibujo de Guillermo Bonilla y bordados del taller de Sobrinos de José Caro, estrenándose el Sábado Santo de 1970. Sirvió en las siguientes salidas procesionales, hasta que en 1985 se recuperó la saya antigua. 









El torero Antonio Ordoñez fue hermano de la Soledad y le regaló varios trajes de luces para la confección de diversas prendas. Aquí vemos una saya confeccionada a partir del traje de color heliotropo con el que el matador de toros participó en la Feria de Abril de 1967. Los bordados en oro sobre seda fueron confeccionados por Antonio R. Manfredi.









Saya blanca de Todos los Santos.
Juan Manuel Rodríguez Ojeda, 1885. Seda blanca bordada en hilo de oro a realce.
Esta saya de seda blanca bordada en oro con dibujo vegetal asimétrico, parece ser obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, trabajo que ejecutó para N.ª S.ª de Todos los Santos. A raíz de la estancia de esta corporación durante la Guerra Civil en la parroquia de San Lorenzo, se crearon grandes vínculos entre las dos hermandades, por lo cual, la de la calle Feria regaló esta saya a la Virgen de la Soledad. Fue pasada a nuevo tejido por Rosario Bernardino en 2002.











Toca de sobremanto.
Sobrinos de José Caro, 1961. Malla de oro bordada en hilo de oro a realce.
Esta pieza de bordado sobre malla de oro se bordó con el mismo material noble una toca de sobremanto en el taller de Sobrinos de José Caro en 1961.











En 1867, un año antes del cierre y posterior derribo de San Miguel, estrenó la Virgen de la Soledad su actual manto procesional, obra de Josefa Antúnez bordada en oro a realce sobre terciopelo negro que se iría completando en años posteriores hasta su definitiva conclusión en 1875.












Diadema neobarroca de plata.
Fernando Marmolejo Camargo, 1945. Plata sobredorada.
Luis Ochoa Velasco diseñó esta presea y donó la plata necesaria para su ejecución, que corrió a cargo de Fernando Marmolejo Camargo, estrenándose en 1945. La diadema se compone de una base en semicírculo, donde se presenta el escudo de la Hermandad de la Soledad y dos pequeñas cartelas. Contiene roleos y motivos vegetales, partiendo diez grupos de rayos biselados alternados con una docena de ángeles querubines que portan con el brazo extendido otras tantas estrellas de gran tamaño. El remate es una bola del mundo y sobre ella la paloma del Espíritu Santo y la Cruz, que se complementa con pedrería verde. Sobre la base aparece el escudo de la Hermandad y dos cartelas. En 2001 fue restaurada por Joaquín Osorio Martínez. 










Diadema neobarroca de oro.
Viuda de Villarreal, 1978. Oro de ley y pedrería.
En 1975 se comenzó a ejecutar una diadema con el oro donado por numerosos soleanos que reproduce el mismo diseño de la de 1945, aunque de aspecto y dimensiones mayores. La realización de esta pieza, que es la que luce la Virgen de la Soledad en sus salidas procesionales, sufrió por un largo proceso, pasando por las manos de Jesús Domínguez Vázquez, y luego por los talleres de la Viuda de Villarreal y por Joyería Casa Ruiz. Fue bendecida y estrenada en 1978.









Puñal de oro.
Jesús Domínguez Machuca, 1996. Oro de ley.
Jesús Domínguez Machuca diseñó y labró en 1996 este puñal en oro de 22 quilates en el anverso y de 18 en el reverso, siguiendo un dibujo basado en las diademas neobarrocas de la Hermandad, colaborando el engarzador Manuel Rueda y Dolores León, que ejecutó el sol central de marfil. 










Puñal de oro.
Joyería Aldao, 1969. Oro de ley.
En 1969 el matador de toros soleano Antonio Ordóñez Araujo donó un puñal realizado en oro de ley en la Joyería Aldao de Madrid, siguiendo la traza de uno antiguo de metal dorado.










Jarras (1983).
Manuel Seco Velasco labró en 1983 cuatro pequeñas jarras en plata de ley que se sitúan en los costeros del paso, en su zona más trasera. Siguen el diseño de la candelería.




Incensario en plata, obra de Seco Velasco (1957).








Estandarte rojo de Nuestra Señora de Roca-Amador (conocido como Simpecado “de diario”) (1742).

La Hermandad de Nuestra Señora de Roca-Amador (integrada en la Soledad) poseía dos estandartes o simpecados. El de la imagen es el segundo estandarte, llamado «de diario», que es el que sale en la procesión penitencial del Sábado Santo. Fue bordado originalmente en 1742, con una pintura central de Santa María de Roca-Amador, obra de Domingo Martínez. La base de terciopelo rojo se renovó en 1972 en el taller de Sobrinos de José Caro. 






Escucha algunas de las marchas dedicada a los titulares de la hermandad.

LA SOLEDAD Pedro Morales Muñoz 1991



LA SOLEDAD DE SAN LORENZO Jacinto Manuel Rojas Guisado 2014



MARÍA SANTÍSIMA EN SU SOLEDAD José Albero Francés 2006





Video de Nazareniteando







VER ÁLBUN DE FOTOS 





Bibliografía


Enciclopedia de la Semana Santa de Sevilla del El correo de Andalucía

Sevilla y su Semana Santa memoria de un siglo de ABC

http://www.hermandaddelasoledad.org

http://periodistacofrade.blogspot.com

http://www.rafaes.com

http://elforocofrade.es

https://sevilla.abc.es/pasionensevilla/

https://www.gentedepaz.es

http://explicartesevilla.blogspot.com

https://denazaretasevilla.com

https://sevillabuenasnoticias.com













Historia de las hermandades de Sevilla: El Santo Entierro


Real Hermandad Sacramental del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, Triunfo de la Santa Cruz y María Santísima de Villaviciosa.










Una cofradía singular


Debido a las especiales características de la procesión que cada Sábado Santo protagoniza esta hermandad, comenzaremos con la confirmación de este cortejo en el que la hermandad dispone de tres pasos. 



Cruz de guía del Santo Entierro, el Viernes Santo de 1948. Aparece dando un rodeo por la plaza del Duque para acceder a la Campana, a la altura del antiguo palacio de Sánchez-Dalp. Al fondo vemos el paso de La Canina conocido entonces como "La Muerte".





El paso por entonces conocido como "La Muerte", discurriendo por la Plaza de la Campana en la tarde del Sábado Santo del año 1956.





El primero llamado del Triunfo de la Santa Cruz, o de la Muerte, ostenta una cruz vacía, en la que se apoyan dos escaleras para el descendimiento a cuyo pie aparece un esqueleto en actitud abatida, sentado sobre el Mundo, al que se enrosca la serpiente o dragón con la manzana del Pecado Original en la boca. Salió por primera vez en 1693.





La imagen del Triunfo de la Santa Cruz, conocida popularmente como “La Canina”, fue realizada por Antonio de Quirós y restaurada por Juan Astorga en 1829 y simboliza “la Muerte que aparece iconográficamente representada a los pies de la Santa Cruz, como muestra de la Triunfante Resurrección de Nuestro Señor”.









Tras el paso aparece representaciones de las hermandades de penitencia de la ciudad vistiendo cada una su propio hábito penitencial. “Siguen las representaciones de las Hermandades Sacramentales, Consejo general de Cofradías, Hermandad del Santo Entierro, de etiqueta y portando cera roja. En medio de ellas irá el Ministro, portando el libro de Reglas y acompañado de dos hermanos con varas de la Hermandad del Santo Entierro, con pértiga y ropón negro”.


El segundo paso es el de la Urna realizado en estilo gótico. La imagen de Cristo yacente, fue atribuida a Juan de Mesa en 1933 por el profesor Hernández Díaz “por razones estilísticas, iconográficas y por similitud con otras imágenes identificadas del escultor cordobés”.  Esto fue confirmado tras un documento encontrado tras la restauración a la que fue sometida en el 2025 por José Joaquín Fijo y Almudena Fernández.

 


 










Está realizado en madera policromada, fechable en el primer tercio del siglo XVII y procesiona unas andas salidas del taller de Antonio Ibáñez y Joaquín Pineda en las que se pueden contemplar los escudos de la Casa Real Española, el de la Hermandad, el de la ciudad de Sevilla y el de la Orden de la Mercedaria policromados por Emilio López Olmedo. En las esquinas del canasto se representan figuras de San Fernando Rey, San Pedro Nolasco, fundador de la orden de la Merced, San Laureano, titular de la iglesia donde la hermandad estuvo doscientos años y San Gregorio Magno. Las cartelas se estrenaron el año 2000, realizadas en su totalidad por Emilio López Olmedo y que representan la Santa Cena, la Exaltación, el Descendimiento y la Resurrección.


Antigua fotografía del Santo Entierro.







Antigua fotografía del Cristo Yacente por la Plaza de la Campana.



















León que aparece en el llamador del paso del Santísimo Cristo Yacente, reproduce el azulejo de la puerta del Real del Alcázar.




Tras el segundo paso va el palio de respeto de terciopelo negro portado por servidores seguido de una centuria romana portando en Senatus y ataviada a la usanza romana del siglo I.





El resto del cortejo, según se desprende de la referencia del Consejo de Cofradía sigue así: “Tras el cuerpo  de nazarenos, hermanos de etiqueta, con varas, acompañando al Estandarte de la Corporación, de terciopelo negro y bordado en oro el escudo de la Hermandad circunvalado por la inscripción: ubi est dolor sicut dolor meus. A continuación: representaciones  de los ejércitos de Aire, Tierra y Marina; Colegios profesionales, Cámara de Comercio, Universidad, Reales Academias, Cuerpo Consular, Diputación Provincial, Ordenes Militares presididas por nuestra Orden Hermana de la Real Maestranza de Caballería, primeras autoridades y la presidencia oficial, ostentada por S.M. el Rey o personalidad que lo represente; tras ella el Excmo. Y Reverendísimo Sr. Arzobispo de Sevilla, el Alcalde y el Hermano Mayor en traje de etiqueta, acólitos con ciriales e incensarios, y tras ellos, el paso del Duelo”.



Estandarte de la Hermandad




El paso del Duelo fue estrenado en 1965 y salió del taller de Luis Jiménez Espinosa en estilo gótico florido y sobre él se representa “la Séptima Angustia que padeció Nuestra Señora” titulada María Santísima de Villaviciosa y se completa con una serie de figuras que se disponen a la manera neoclásica.

 


 


Paso del Duelo a principios del S. XX, el misterio va sobre el paso de estilo neogótico dorado, con templetes adornados de ángeles pasionarios realizado en 1874 por Juan Rossi, procesionó hasta 1964 que estrena el paso actual.
Actualmente estas andas ya muy reformadas y sin dorado pertenecen a la Hdad de la Borriquita de Aguilar de la Frontera.




Antiguas andas del paso del duelo ya muy reformadas y sin dorado, actualmente en la Hdad de la Borriquita de Aguilar de la Frontera.



 La imagen de la Dolorosa se debe a Antonio de Quirós realizada en 1693. En 1830 fue reencarnada por José Bécquer mientras que Luís Álvarez Duarte le hizo nuevo candelero en 1980. La última restauración que se conoce es de 1991 realizada por José Rodríguez Rivero-Carrera. 





El resto de las imágenes que componen la escena datan de 1830 realizadas por San Juan de Astorga y en él vemos a San Juan Evangelista, las tres Marías y los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, portando uno de ellos el documento de licencia de Pilatos para el entierro del Señor.




Pergamino que reproduce el permiso que José de Arimatea recibió de Pilatos para enterrar a Jesús.






Duelo, con las imágenes de San Juan, las tres Marías, José de Arimatea y Nicodemo (el lugar de la dolorosa está ocupado por el manto y la saya que habitualmente viste en el paso, realizadas todas por Juan de Astorga, colocadas en la misma posición en la que recorren las calles cada Sábado Santo.
















A continuación de estas andas aparece el Ayuntamiento de la ciudad, bajo mazas, presidido por el primer teniente de Alcalde y portando el concejal más joven de la corporación el Pendón de la Ciudad. Cierra todo el cortejo una agrupación militar con tropa, bandera y música. 

El cuerpo de nazarenos que acompaña al primer y tercer paso viste túnica de crespón negro, con cola de estilo antiguo y antifaz del mismo color. Los hermanos que acompañan al paso de la Urna visten de etiqueta.








La creación de la hermandad


Sobre la fundación de esta hermandad hay varias versiones. Una de ellas señala que la corporación fue directamente fundada por el mismo rey Fernando una vez reconquistada la ciudad en 1248 tras hallar una efigie del Señor Yacente entre dos paredes de una casa en el barrio de los Humeros. Pocos datos hay que se sepan sobre este suceso quedando el tema más para la tradición que para la constatación histórica.

En un lugar cercano de donde pudo producirse el hallazgo se labró una capilla con el nombre del Monte Calvario. Esa creencia sobre la participación del rey santo en el arranque de la historia de la hermandad del Santo Entierro hizo que los monarcas españoles, sobre todo desde Carlos I, hayan venido ostentando el cargo de hermano mayor.


Hasta ahí el comienzo del devenir de la hermandad del Santo Entierro cuando hay que hacerse eco de un suceso acaecido en la ciudad durante el siglo XVI como fue la llegada a Sevilla de unos genoveses, encabezados por el alfarero Tomás Pessaro, quienes fundan una cofradía dedicada a la santísima Virgen en el Hospital del Espíritu Santo hasta que Rodrigo de Castro suprime los hospitales gremiales pasando la cofradía al Oratorio de Colón donde radicaba la hermandad del Santo Entierro.

Las dos corporaciones, que compartían sede, optan por unificarse en el último cuarto de siglo convirtiéndose en la hermandad del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de Villaviciosa. Es probable que el promotor de la unión fuese el alfarero genovés y que la cofradía pasase al Colegio de San Laureano en la Puerta Real. De estos años podría proceder la relación con la orden de los mercedarios tras la compra de los frailes del terreno del Oratorio de Colón. Según testimonios del abad  Gordillo, en los años de la fusión “se realizaba una ceremonia en la noche del Jueves Santo. Se ponía en un callado… la Imagen del Crucificado, acompañado de los dos ladrones… Nuestra Señora, San Juan Evangelista y las Marías. A las tres de la tarde del Viernes Santo un predicador trataba el momento de la Cruz y su descendimiento que se llevaba a cabo por sacerdotes, situándolo en el regazo de la Santísima Virgen. Desde allí lo trasladaban al oratorio de la cofradía y se disponía su entierro, marchando a la Catedral donde esperaba el Cabildo. A su vuelta el Cristo Yacente se quedaba en el Convento de San Pablo, trasladándose el resto de la procesión a su oratorio. El domingo de Pascua aparecía sobre el sepulcro Cristo Resucitado y llevaban a la Sagrada Imagen con gran solemnidad a su templo, donde se celebraba la fiesta de la Resurrección.”


El cortejo de la estación de penitencia del siglo XVIII se componía del “muñidor con ropón de damasco negro galoneado de plata… a sus lados iban dos nazarenos con bocinas y en sus banderas, que era de tafetán negro, el escudo de la corporación estampado. Seguían cuatro diputados con varas, cincuenta niños de la Doctrina y veinticuatro hermanos en traje de serio acompañando el estandarte de damasco verde con la Cruz blanca y varas de plata y dos diputados a los lados. Iban luego ochenta hermanos de túnicas con hachas amarillas y al final la manguilla de terciopelo negro, guarnecida y cubierta toda ella de plata. En seguida marchaban sesenta hermanos de serio y el estandarte de damasco negro. Después varios ministriles tocando un tono fúnebre, dos bocinas y el paso de la Santísima Cruz”. Continuaban sesenta hermanos, una compañía de hombres armados conducida por un alférez y seguida por el Senatus, cuarenta hermanos de serio y dos compañías de niños, la mitad de ángeles y la otra mitad de soldados. Seguía la mujer Verónica, las tres comunidades de religiosos Mercedarios, sacerdotes y cruces parroquiales, la hermandad de San Pedro Advíncula, una música entonando salmos, más hermanos y eclesiásticos y el paso de la Urna presidido por dos alcaldes.  Seguía después el palio de tela negra llevado por eclesiásticos con capas pluviales negras. El cortejo continuaba con tres compañías del batallón de la ciudad, ciento sesenta hermanos, más música interpretando el Stábat Mater y el paso de la Virgen.





Numerosos traslados


La destrucción de San Laureano en 1811 hizo que la hermandad decayera motivando una serie de traslados pasando por San Juan de la Palma, Casa-Grande de la Merced, la Magdalena, la Capilla de Montserrat, San Buenaventura, los jesuitas de Jesús del Gran Poder llegando a su actual Capilla del Santo Sepulcro y Señor San Gregorio Magno. A esta capilla se incorporaron los mercedarios el año 1939.










Capilla del Santo Sepulcro y Señor San Gregorio Magno






“Alboroto y asonadas”


Sobre el acontecimiento de la hermandad en 1793, el procurador mayor, Jerónimo Cruz de Sandoval y Villavicencio, conde de Mejorada, manifestó que “los ángeles, sibilas, armados y demás particularidades que llevaba… eran representaciones impropias y ridículas y ajenas a un acto tan serio, que sólo servía para distraer la atención de los fieles en unos días santos, dando margen a alborotos y asonadas, estimándose en su virtud que debían suprimirse limitándose la procesión a los pasos”.








Entrada en Campana del Santo Entierro. 31 de marzo de 1956, primera salida en Sábado Santo: cruz de guía, arcángel San Miguel, la Fe, los Profetas, la Verónica y los Doctores de la Iglesia, coro de ángeles, la Canina, Cristo Yacente, escuadra de vélites, centuria romana, escuadra de équites y el Duelo.















Santo Entierro Grande


En 1850 se realizó el primer “Santo Entierro Grande” procesión en la que, cronológicamente ordenados se integran los pasos de otras hermandades para configurar una representación plástica de la Pasión. Esta procesión se repitió en los años 1854, 1874, 1890, 1910, 1915, 1920, 1923, 1948, 1965, 1992, con motivo del Quinto Centenario de la Evangelización de América, 2004 con motivo de cumplirse los cuatrocientos años de procesiones a la Catedral de Sevilla y 2023 por el 775 aniversario de la recuperación del culto cristiano.



Último “Santo Entierro Grande”, 2004. Un año que comenzó espléndido, con todas las cofradías en la calle durante los cuatro primeros días, pero que se truncó el Jueves Santo con una tromba de agua que obligó a refugiarse a algunas cofradías, otras a regresar a toda prisa y otras sin salir. Lo mismo ocurrió el Viernes, en el que vimos la estampa del Cachorro refugiado en la Magdalena. Pero, sin duda alguna, amén del magnífico Santo Entierro Magno organizado el Sábado Santo, el 2004 todo el mundo lo recordará como el año en el que en la Madrugada sólo salió la Esperanza de Triana.



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SANTO ENTIERRO GRANDE 2023




Vía Crucis de Sevilla

La participación del Cristo Yacente del Santo Entierro en el Vía Crucis de las Hermandades de Sevilla fue en 1986 pero quedó frustrado sin poder ir a la Catedral a consecuencia de la lluvia.



Fue propuesto el Cristo Yacente una segunda vez para participación  en el Vía Crucis de las Hermandades de Sevilla el 10 de marzo de 2025 y a pesar del riesgo de lluvia y después de un traslado a gran velocidad se pudo realizar el acto en la Sagrada Iglesia Catedral.


 

 



 



Vía Crucis del Año de la Fe



El Vía Crucis del Año de la Fe de Sevilla fue organizado para su celebración el 17 de febrero de 2013 en el entorno de la Santa Iglesia Catedral. Su desarrollo tenía como referencia el Vía Crucis de las Jornada Mundiales de la Juventud de Madrid y aunque fue convocado por la propia Archidiócesis, su organización corrió a cargo por el Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad.

Se designaron dieciséis hermandades que irian en su paso procesional y no en andas como es habitual y que representarían al Vía Crucis de Juan Pablo II, que fueron: las hermandades de Montesión, Redención, San Gonzalo, el Carmen, Torreblanca, San Esteban, los Gitanos, Pasión, el Gran Poder, la Estrella, Montserrat, las Siete Palabras, el Cachorro y el Santos Entierro, junto con la Cruz de Guía de la Hemandad del Silencio y el Lignum Crucis de la Hermandad de la Vera Cruz.

Las adversas condiciones meteorológicas y las previsiones existentes frustraron la celebración de este Vía Crucis del Año de la Fe en Sevilla tal y como estaba previsto, ya que al final por la no salida de los diferentes pasos, se desarrolló en el interior de la Catedral con catorce cruces de la hermandad de Santa Cruz, que representaron a los diferentes misterios.







Escucha algunas de las marchas dedicada a los titulares de la hermandad.


CRISTO YACENTE José Albero Francés 1975


NUESTRA SEÑORA DE VILLAVICIOSA Pedro Braña Martínez 1966









Video de Semana Santa JVP







VER ÁLBUN DE FOTOS 






Bibliografía


Enciclopedia de la Semana Santa de Sevilla del El correo de Andalucía

Sevilla y su Semana Santa memoria de un siglo de ABC

https://www.santoentierro.org

http://periodistacofrade.blogspot.com

http://cofrades.sevilla.abc.es

http://lasevillaquenovemos.com

http://elforocofrade.es

https://www.elmundo.es

https://criosidadesycofradias.blogspot.com

https://sevilla.abc.es/pasionensevilla/

https://www.visitarsevilla.com